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En estado salvaje los cánidos reparten la comida de modo que evitan los excesos energéticos que se almacenan en forma de depósitos de grasa (obesidad). Entierran el sobrante para protegerlo de los carroñeros y así disponer de alimento más adelante. Darle al perro doméstico una sola y abundante comida diaria es predisponerlo a molestias gástricas. El perro apenas mastica la comida, se limita a hacer un bolo con la saliva que se traga, pues su estómago, que ocupa el 60% de su sistema digestivo, es capaz de dilatarse y almacenar mucho alimento, empleando una media de 10 horas para secretar los jugos digestivos que degraden los alimentos. Por tanto es aconsejable darle dos comidas diarias, la más ligera por la mañana y la más copiosa por la noche. La alimentación del bóxer debe ser equilibrada y administrada en cantidades idóneas que le permitan realizar ejercicio con regularidad.

    El perro posee un tubo digestivo con las características de los carnívoros, es relativamente corto y de sección estrecha, en el cual el transito de los alimentos se produce con velocidad. Ingiere los alimentos con rapidez, siendo despreciable la digestión que se produce en la boca, además la saliva del perro carece de enzimas digestivos, por lo que la digestión se inicia realmente en el estómago. La alimentación debe cubrir lo requerimientos energéticos para llevar a cabo una actividad muscular intensa y los aportes plásticos para la construcción de tejidos corporales. Casi todos los perros digieren con dificultad determinados hidratos de carbono, como el almidón y la lactosa; si el régimen es rico en estos productos padecen procesos diarreicos, coprofagia ,y afecciones musculares. Por el contrario la celulosa, que no pueden digerir, favorece el transito intestinal mejorando la textura y regularidad de los excrementos. Los cambios bruscos de dieta provocan problemas digestivos en el perro, alterando el delicado equilibrio de hormonas y enzimas que regulan los sistemas de digestión y asimilación  de los alimentos, por lo que es conveniente mantenerle con una dieta equilibrada y que agrade al animal todo el año.

    Las proteínas: Forman parte de los tejidos vivos del organismo. Como los órganos se renuevan constantemente durante la vida del perro, es permanente su necesidad de proteína que solamente puede ser proporcionada por los alimentos ingeridos. Son más útiles las proteínas de origen animal, especialmente las procedentes de la leche y huevos; las proteínas de los cereales son menos valiosas. La proteína es el elementos básico para la formación del cuerpo. Son de naturaleza proteica los músculos, las glándulas y la mayor parte de tejidos blandos. La calidad de la carne se mide por su riqueza proteica, ya que ni todas las carnes ni todas las proteínas son iguales. En la constitución de las proteínas intervienen los aminoácidos y estos son precisamente los que diferencian unas de otras proteínas. Existen gran cantidad de aminoácidos y la presencia o ausencia de parte de ellos y su cantidad da a cada proteína sus características esenciales. Una dieta exclusivamente proteica produce efectos nocivos en el perro, tales como caída del pelo, eczemas, piorrea, pus e inflamación de las encías y más adelante gota, nefritis y otros procesos. Un perro nutrido sólo de carne está expuesto a serios problemas de salud.

    Los lípidos: Su finalidad es proporcionar energía y servir de vehículo a determinadas vitaminas, llamadas liposolubles. Las materias grasas son bien digeridas por los perros y en especial por las razas nórdicas, pues han formado una parte importante de su dieta durante cientos de años. Compuestos por ácidos grasos previenen enfermedades de la piel y del pelo. Los llamados ácidos grasos esenciales, son muy abundantes en el aceite de maíz y girasol. Las capas de grasa bajo la piel actúan como aislante del frío.

    Los glúcidos: Los carbohidratos contienen almidón y azúcares que deben estar bien cocidos para ser digeridos por el perro, pues éste no tiene en la saliva la enzima ptialina que en la saliva humana ayuda en la digestión de las féculas. La celulosa (fibra) no puede ser digerida por carecer el intestino del perro de las bacterias que le ataca.

    Las vitaminas: Son sustancias orgánicas que intervienen en los procesos corporales de catálisis y regulación. No proporcionan energía ni forman tejidos. Su necesidad es alta en los cachorros y hembras gestantes, por poseer un metabolismo más intenso. La administración de complejos vitamínicos de forma descontrolada provoca serios riesgos para la salud, por lo que los propietarios deben abstenerse de dárselas a su bóxer sin prescripción del veterinario.

    Los minerales: El perro precisa muchos minerales, que en una dieta equilibrada recibe sin dificultad. Intervienen como constructores de la estructura ósea y catalizadores, entre otras funciones. Se dividen en macroelementos (calcio, fósforo, sodio, potasio, magnesio y azufre) y oligoelementos (hierro, cobre, zinc, manganeso, iodo, selenio y cobalto). Durante la época de embarazo y lactancia es preciso incrementar en las hembras las dosis de calcio y fósforo, simultáneamente a la administración de vitamina D. Las dietas basadas exclusivamente en carne son pobres en aporte de minerales.

 
  • Alimentos industriales

    Nuestro bóxer debe recibir una alimentación adecuada a su metabolismo, debe ser suficiente y equilibrada en relación al tipo de actividad que desarrolla y a su estado fisiológico. Conseguir esto con la alimentación casera nos exige unos conocimientos científicos adecuados para fabricar nosotros una comida equilibrada en todos sus puntos. Como ello es poco factible tenemos como alternativa los alimentos preparados industrialmente, que ofrecen dietas apetitosas, saludables y a precios muy asequibles. En el mercado encontramos tres tipos de productos, generalmente conocidos por los propietarios de perros como piensos, morcillas y latas. El primero es un alimento seco, el segundo semihúmedo y el tercero húmedo. Todos están sometidos a una normativa sanitaria muy estricta que regula tanto su composición como tratamiento y etiquetado. El éxito obtenido por esta industria, que se ha multiplicado vertiginosamente, y la mayor longevidad alcanzada por los perros, acreditan la calidad y la aceptación del producto. Decidirse por uno u otro tipo es una cuestión personal, por ejemplo en Estados Unidos se prefieren los productos secos en tanto que en Inglaterra los húmedos.

    Los alimentos secos tienen un bajo contenido de humedad, generalmente inferior a un 14%. El producto permanece estable ya que en tales condiciones no hay posibilidad de que se desarrollen hongos, levaduras ni bacterias. Su composición básica es harina de carne, cereales y están complementados sales minerales y vitaminas. Los encontramos en presentaciones como copos, sopas y croquetas. La fabricación varía de una u otra presentación, pero en todas el producto ha sufrido un tratamiento térmico que cuece el almidón y los cereales y aumenta la digestibilidad. Para los copos se cuecen los cereales al vapor a 130ºC y luego son aplastados por dos rodillos calientes. Para la expansión los granos pasan por un rodillo seco siendo sometidos a una temperatura superior a los 250ºC que provoca su estallido y en los productos extrusionados la mezcla amilácea se comprime en un tubo con un tornillo sinfín y se eleva la temperatura a 120ºC mediante vapor, al descomprimirse el producto se hincha. En algunos se les adiciona grasa para que resulten más apetitosos.

    Los alimentos  semihúmedos se conservan a temperatura ambiente y precisan conservantes. Se venden en envolturas blandas y se fabrican a base de carnes picadas cocidas, cereales, vegetales, minerales y vitaminas. Son apetitosos y fácilmente digestibles. Si las condiciones de almacenamiento son correctas resultan de larga duración.

    Las conservas son productos perecederos esterilizados y envasados en recipientes estancos a los líquidos. Su riqueza en agua es superior al 70% y están fabricados con productos de origen animal no deshidratados, generalmente vísceras y recortes de canales destinados al consumo humano. En ocasiones se añaden trozos de carne para darle mejor aspecto. Su valor alimenticio está siempre en razón a la calidad de las materias primas utilizadas. Son muy digestibles y apetitosas para el perro. El contenido de cereales es muy inferior al de los productos secos. Se les añaden los minerales y vitaminas precisos para corregir cualquier deficiencia y compensar las pérdidas de la esterilización.

 
  • Alimentación casera

    En la dieta casera deben predominar las proteínas y los lípidos. Los alimentos crudos, tanto frescos como congelados, deben cocerse para evitar riesgos de contaminación. La alimentación casera favorece la acumulación de sarro y las enfermedades de dientes y encías, por lo que se le debe de proporcionar al perro la posibilidad de roer un hueso grande.

    Carne: El perro prefiere las vísceras a la carne, los cánidos salvajes lo primero que devoran son las vísceras de sus víctimas. Nunca le daremos la carne cruda, ya que puede ser vehículo de la transmisión de parásitos. Una dieta basada exclusivamente en carne es insuficiente en vitaminas y minerales y proporciona exceso de proteínas.

   Pescado: El pescado estará bien cocido, para destruir los parásitos y la tiaminasa, una sustancia perjudicial.

   Huesos: Nunca de aves o conejo, que pueden astillarse y producir lesiones intestinales. Los grandes huesos, especialmente los de rodilla, son ideales para limpiar los dientes, proporcionando calcio y fósforo.

   Hígados: Contiene una proteína de alto valor biológico, pero puede causar diarrea suministrado en grandes cantidades.

   Leche: Es rica en calcio y fósforo, pero contiene lactosa que es muy mal tolerada por el perro adulto. El tubo digestivo del perro no segrega las enzimas necesarias para su asimilación, provocándole procesos diarreicos.

   Huevos: Deben suministrarse cocidos ya que crudos contienen avidina, sustancia que inactiva la biotina. Es preferible la yema, por lo que a los cachorros puede dárseles la yema desperdiciando las claras.

   Aceite: Los aceites vegetales incrementan la energía de los alimentos y son una fuente de ácido linóleico.

   El pan: Evitaremos el pan tierno y la miga, sólo de vez en cuando le daremos corteza o pan duro.

   La fruta: La mayoría de los perros son frugívoros. La fruta es una inmejorable fuente de vitaminas por lo que pueden darse sin preocupación.

   Arroz: Los cereales son baratos y tienen una función energética equilibrante.

   Alimentos PROHIBIDOS: Determinados alimentos deben ser evitados en la dieta del perro, entre éstos podemos señalar la carne de cerdo; las grasas cocidas; las salsas y especias; las salazones y embutidos; el pescado crudo; los quesos fermentados, las legumbres secas y las patatas. La amilasa del tubo digestivo del perro no es capaz de atacar las moléculas del almidón de la patata. Y naturalmente nada de golosinas como el chocolate, caramelos o pasteles.

 

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