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Plaza Mayor de Trujillo
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Tras permanecer largo tiempo bajo la dominación árabe, Trujillo fue
reconquistada en 1232 por los cristianos: la ciudad se repobló, la
nobleza se instaló en ella y edificó en los siglos XIV y XV, algunos
palacios-fortaleza de severo aspecto, de los que quedan todavía varios
ejemplos, como el Alcazarejo o la casa del Escobar. Estos hidalgos,
pobres y aventureros, enzarzados en luchas internas se sentían
incómodos en la pequeña ciudad: fueron los primeros y más brillantes
conquistadores de América, de donde trajeron grandes riquezas, uno de
ellos, Francisco Pizarro (1475-1541), conquistador del Imperio Inca,
será su modelo.
Desde entonces Trujillo, la ciudad de los
conquistadores por excelencia, ha quedado anclada en su pasado, del que
conserva todo el encanto.
La Plaza Mayor, de forma irregular, con una
estatua ecuestre de Francisco Pizarro en el centro, está rodeada de
casas con arcadas y mansiones señoriales.
El Palacio de la Conquista, fue construido por
Hernando Pizarro, hermano de Francisco Pizarro, con el oro del Perú (el
edificio es hoy sede de la Academia de Artes y Letras de Extremadura);
posee una soberbia fachada plateresca con un balcón de ángulo con
blasones concedidos por el Emperador Carlos V. Este balcón parece
competir con el del hermosísimo Palacio de San Carlos (fachada del
siglo XVI, patio del siglo XVII; hoy convento.)
El Palacio de Piedras Albas, también en la
Plaza, destaca por sus dos tribunas renacentistas.
El Palacio de Orellana Pizarro, próximo a la
Plaza Mayor, tiene una bella fachada renacentista. Puede visitarse el
magnífico patio plateresco.
El Castillo, antiguo alcázar árabe,
reconstruido por los cristianos, constituye un hermoso conjunto de
murallas y torres de granito. Erigido sobre una plataforma, domina la
ciudad desde las almenas se contempla un panorama inigualable de
Trujillo y sus alrededores.
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