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Es
la misma leyenda en que algunos tratadistas y antiguas crónicas fundan
el origen del apellido Escudero, fundan también diversos autores el
origen del apellido Espinosa, volviendo a desempolvar el fabuloso
complot que la condesa Dña. Sancha o Dña. Oña, madre del Conde
Soberano de Castilla, Sancho García, tramó contra su hijo, al que
quiso envenenar durante un festín, instigada por Almanzor, de quien la
condesa (viuda del Conde Garcí Fernández) se había enamorado
ciegamente, cuando el caudillo musulmán, amigo entonces del Conde
Sancho García, fue huésped en Burgos. Los siniestros planes de Dña. Oña
fueron descubiertos, según unas versiones, por un escudero que luego
fue el fundador del linaje Escudero, y según otras, por Sancho Peláez,
y el Mayordomo del Conde Sancho García, a quien éste recompensó,
instituyendo en 1013, la Guardia de los Monteros de Espinosa,
concediendo a su citado Mayordomo Sancho Peláez, natural de Espinosa,
el honor de que él y otros vecinos de dicho pueblo, guardasen de noche
la persona del Conde, privilegio que en sucesivos años continuó en los
naturales de Espinosa, para seguir guardando de igual manera la persona
real. Los mantenedores de esa leyenda, como base de origen del apellido
Espinosa, añaden que el repetido Mayordomo Sancho Peláez, comenzó a
apellidarse desde entonces Sancho Espinosa, apellido que transmitió a
sus sucesores y que éstos continuaron difundiendo por España. Pero se
nos ocurre preguntar, ¿Cabe admitir esa información y origen del
apellido que nos ocupa con el sólo testimonio de una leyenda que ya
aparece distinta y adulterada en las versiones que de ella conservó la
tradición? Tales aventuras de la madre del Conde Sancho García, su
pasión amorosa por el moro Almanzor, su intento de asesinar a su hijo y
la salvación de éste, por su fiel Mayordomo, invadieron el campo de la
poesía y las hizo populares el genio de nuestro gran poeta Don José
Zorrilla, pero no lograron penetrar en el campo de la historia, habiendo
sido negadas rotundamente por Ambrosio Morales, Yepes, Mondejar y otros
historiadores autorizados. Hay más: La Villa de Espinosa de los
Monteros no tenía el nombre de Espinosa en los tiempos del Conde Sancho
García. Acaso aún fuera entonces la antigua Monagro de los Cantabros.
Sancho García murió en 1.022 y hasta unos cincuenta años después en
que fue reedificada por el Rey Don Alfonso VI, y la llamó Espinosa, por
los muchos espinos que allí había, no tuvo el nombre. Así lo dice la
historia, y si la historia no se equivoca, mal pudo Sancho Peláez,
tomar el apellido Espinosa del nombre de una villa que no tenía
entonces tal nombre. Cuando pasados los años se llamó Espinosa el
citado pueblo, agregó su segundo nombre de los Monteros, instituidos
por el Conde Sancho García, para guardar de noche su persona, y que,
por haber transmitido esta costumbre a los Reyes de Castilla, la
continuaron ejerciendo al través de los siglos y sin interrupción los
hidalgos nacidos en aquella villa. Se deduce de todo lo que antecede,
que nada se consigue para esclarecer el origen del linaje Espinosa con
utilizar una leyenda que sólo merece ser reproducida a título de
curiosidad, y conviene tener en cuenta que el apellido que nos ocupa,
muy difundido por España desde tiempos antiguos, tuvo en diversas
regiones solares de origen distinto, sin vínculo de procedencia, ni de
parentesco entre ellos. Espinosa es apellido de Lugar. Sus diversas
casas, creadas en los varios lugares y villas que en España se
denominan Espinosa, tomaron el nombre del lugar en que radicaron, y de
ahí la formación y existencia de las muchas familias que, aun
ostentando un mismo apellido, proceden de solar y tronco distinto.
Probó su nobleza numerosas veces en la Orden de Santiago y en las de
Calatrava y Carlos III.
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Ver
más escudos de armas
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En
campo de oro, un espino de sinople arrancado y frutado
de gules.
Otro: en campo de plata, un árbol de sinople, terrasado
de lo mismo, y pendientes de sus ramas, dos llaves de
oro, una a cada lado. el jefe de azur, con un corazón
al natural, sumado de una cruz de oro y acompañado en
la diestra, de dos soles de oro, y en la siniestra de un
menguante de plata.
Otro: En campo de plata, dos árboles de sinople, con un
lobo de sable alzado a cada uno de ellos.
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